Un jugador responsable es aquel que utiliza los juegos de azar de forma consciente y recreativa. Establece sus propios límites de tiempo y dinero dedicados a esta actividad en función de su situación y circunstancias particulares.
Sin embargo, cuando el juego deja de ser un entretenimiento y pasa a ser casi una necesidad, puede tener consecuencias negativas tanto en lo personal, como en lo familiar, social, etc. Ese comportamiento puede ser síntoma de juego problemático o incluso juego compulsivo.